Nací el último día del Verano. Con la energía del Equinoccio de Otoño. Mañanas frías, mediodías calurosos. Levantarse de noche. Días que se acortan.
El Otoño es la estación de la cosecha y la preparación para el Invierno. La frase Winter Is Coming no la inventó George R.R. Martin. El Otoño es la estación que nos prepara para el gran sueño del Invierno. Es como el atardecer, que nos recuerda que es hora de entrar y ponernos a cuidado de la noche, la oscuridad y sus monstruos y demonios. Es, en cierta forma, el atardecer del año, que despierta con la Primavera y su explosión de colores y vida. A mi me gusta el Otoño. Me gusta caminar por las calles bajo los cielos de Abril, que son azulinos y transparentes. Aunque ya no lo haga muy a menudo. Me gusta el Otoño porque no me cuesta ir hacia dentro. Es algo qué disfruto y necesito. Es adentro donde exploro posibilidades y riesgos. Donde surgen mis sueños y voladas. Donde, luego de los largos días del Verano, nacen mis metas y proyectos. Es como un caldero de bruja qué siempre tiene una cazuela humeando.
Se va terminado Marzo y yo miro mi huerto, ya lleno de flores y ramas amarillentas. Quedan los últimos tomates, de los almácigos qué planté más tarde, unas acelgas y unos pimentones. Pienso en lo feliz qué fui plantando cada semilla; trasplantando cada almácigo a su lugar definitivo. La satisfacción y el amor por cada hoja de lechuga qué llegó a la mesa. Ahora con Juan Luis estamos en el proceso de guardar semillas. La Tierra es en verdad maravillosa. Después de darle el bajo a Las Tinieblas y el Alba estas vacaciones, comencé a leer The Earth Has a Soul. Uno de esos libros que compré en mi amada Point Reyes Books y que se dejó leer cuando él lo quiso. Se trata de una compilación de material de C.G. Jung sobre la Naturaleza, la tecnología y la vida moderna y sus efectos en las personas. Es impresionante leer entrevistas y ensayos de los años 30, 40 y 50, que parecen describir las mismas cosas de las que nos quejamos hoy. La falta de tiempo, la esclavitud de la tecnología, el apuro extremo. La vida urbana sin verde. La vida sin tierra propia. La terrible separación de lo natural, de lo primitivo, de lo instintivo. De lo qué nos hace ser humanos. Al parecer, el hombre no estaba preparado para ser tan "civilizado" tan rápido. No resulta extraño entonces que durante el año pasado tanta gente se haya refugiado en sus jardines. Que hayan aumentado los huertos. Y los panaderos de masa madre. Todos son procesos lentos, ciclos naturales que no podemos apurar ni eludir. Menos pretender controlar. Y sin embargo a ellos llegamos en busca de las certezas perdidas con la pandemia.
Jung pasó los últimos años de su vida en una casa de piedra construida por el a orillas de un lago. Cortando la leña y oyendo el silencio. Viviendo en cámara lenta. A escala humana. Mientras leía sus escritos, yo hacía pausas para mirar las nubes moverse en el cielo. Para mirar las hormigas caminando por el pasto. Para sentir el paso de las horas sin apuros ni exigencias. Para meditar y comprender y comprenderme. Para alcanzarme y permitirme una pausa. Para perderme en un bosque de árboles antiguos y encontrarme en las respuestas qué había estado buscando mucho tiempo.
Me gusta el Otoño porque es elocuente. Es dramático. Las hojas se caen. Se deshacen. Desaparecen. Pero también me gusta porque en él suceden cosas bonitas. En unos días comenzarán a aparecer en mi jardín hojas de una Haya que sin ser tan vecina, las deja volar hasta mi para que yo las disfrute. Mi hermoso Acer Japónico cambiará de color y luego quedará desnudo. Mis Ampelopsis llenarán las murallas de todos los rojos del mundo. Habrá semillas secas para guardar y plantar cuando termine el Invierno. Son estas cosas gratuitas, simples, tan al alcance de la mano, lo que nos hace conectarnos con la Naturaleza y con nuestro lado más antiguo. Nuestro lado más primitivo y despojado. Son cosas que nos gustan porque, al final, seguimos maravillándonos con los misterios de la vida y sus ciclos. Con las cosas que a pesar de todos los avances y de todas las maravillas tecnológicas, siguen escapando a nuestro entendimiento, nuestro control y nuestro dominio.

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