lunes, 5 de abril de 2021

La Memoria Secreta de Las Hojas

Llevo ya años prometiéndome escribir sobre La Memoria Secreta de las Hojas. O Lab Girl, según su título en inglés.  Este es uno de los pocos casos en que la traducción del título en inglés es más hermosa que el original.  Cómo no correr hacia un libro con ese nombre. Hojas, memoria y secreto, todo en un mismo lugar. Suelo recordar siempre el momento y lugar en que encontré un libro.  Este estaba en la mesa de novedades de la Librería Antártica del Costanera Center. Cuando no había que esperar turnos ni bañarse en alcohol gel para entrar a una librería y perderse entre sus pasillos y repisas. Visitar librerías, tomar libros, voltearlos, abrirlos y, muchas veces, olerlos es algo que extraño terriblemente. Comprar online asegura la tranquilidad de no perder el libro que uno busca, pero no tiene la parte más importante. La aventura de buscar. La alegría de encontrar. La emoción del proceso y no solo del resultado. La magia.

La Memoria Secreta de las Hojas es un libro mágico.  Junta a la ciencia con el mundo vegetal y con los seres humanos. Trata sobre corazones apasionados.  Almas porfiadas, llenas de amor por los árboles y por las maravillas de la Madre Tierra. Trata sobre pasados dolorosos y Amistad con mayúscula. Sobre llegar hasta el límite y desde ahí seguir insistiendo sin descanso. Alguien, quizás con el ánimo de atraer lectores, compara a Hope Jahren, su autora, con Oliver Sacks, mi neurocientífico favorito y autor de algunos de los libros más bacanes que he leído sobre el cerebro y la mente. Pero habiendo leído su buen poco a Sacks, estoy de acuerdo en que ambos logran hablar de la vida y las personas a través de la ciencia, pero sus estilos son diferentes. Oliver Sacks es formal y hasta poético. Hope Jahren escribe con poesía sobre las plantas, pero de la vida humana escribe a tripa abierta y con un lenguaje fantásticamente directo.  Ella es una científica destacada y ganadora de premios glamorosos, pero explica el backstage de esos logros de una manera que impresiona y conmueve. Hacer ciencia y dedicarse a ella es un camino de vida más parecido al montañismo que a la investigación.

Una de mis frases favoritas de Hope Jahren es que las personas somos como las plantas, porque crecemos buscando la luz. Me hizo pensar en una frase hermosa que me llegó mientras atravesaba el desierto buscando la forma de salir de mi trabajo anterior. La frase decía "Cuando el árbol se ha esforzado en buscar la luz cada vez más alto, más fuerte es su raigambre. Más es producción de vida. Más imponente es su figura en medio del bosque".  Me llegó en ese momento como un regalo. Como una antorcha para iluminarme y una manta para abrigarme en esas noches oscuras.  Porque más allá de lo qué nos han hecho creer, la vida no es rápida. Los logros no vienen sin exploración ni trabajo duro. Los nuevos horizontes no se abren sin jugarse el todo por el todo, saltando al vacío cuando encontramos el momento adecuado.  Dice Jahren: 

"Una semilla sabe esperar. La mayoría de las semillas esperan un año antes de empezar a crecer; una semilla de cereza puede esperar hasta cien años sin ninguna dificultad. ¿Y a qué esperan exactamente? Cada semilla aguarda a que suceda algo, y sólo ella sabe qué es. Debe darse una combinación combinación única de temperatura, humedad y luz, junto a otros factores adicionales para convencer a una semilla de qué salte al exterior y se decida a cambiar.  Para qué aproveche su única oportunidad de crecer.  Si te adentras en un bosque, es muy probable que tiendas a mirar las plantas que han crecido muy por encima de la altura de los humanos. Posiblemente no bajarás la vista al suelo, pero justo ahí, bajo tus pies, se encuentran centenares de semillas, todas ellas vivas y a la espera.  Ellas aguardan una oportunidad que posiblemente nunca llegará. Más de la mitad morirán, antes de sentir que han llegado a alcanzar esa combinación única que estaban esperando, y en el curso de unos años terribles no sobrevivirá ni una sola. Cuando vamos a un bosque, por cada árbol que vemos, hay por lo menos un centenar esperando en la tierra, ansiando salir a la luz. ... Todo comienzo es el final de una espera. A cada uno de nosotros se nos ha concedido una única oportunidad de existir. Todos somos algo en esencia imposible y a la vez inevitable. De la misma manera que todo árbol repleto de frutos fue antes una semilla que aguardaba su momento."   

Cada capítulo del libro comienza con una hermosa introducción que es en realidad una mezcla de lección de botánica e historia natural y reflexión qué contagia el amor y la admiración que Hope Jahren siente por las plantas.  Yo tengo marcadas todas esas partes con banderitas de colores, porque cada vez que las leo, siento la misma admiración por los misterios del mundo vegetal.  Y pienso en mis amados gigantes de Rucapirén, con sus cientos de años y sus metros de diámetro.  Con sus cicatrices y sus formas imposibles, que les permitieron, sin embargo, llegar a la luz y alcanzar varias decenas de metros.  Pienso en ese Roble que creció en el pequeño espacio entre las raíces de un Coigüe centenario, como un hijo adoptado. En la esperanza de los renovales y en las semillas que cada verano los que amamos ese lugar especial, intentamos salvar de la destrucción por ciclistas y caminantes que no respetan el sendero. Mi copia de La Memoria Secreta de las Hojas está carreteada y tiene la cubierta arrugada porque una vez le cayó café. Pero cada vez que voy a ponerlo en la repisa de mis libros favoritos me arrepiento, y lo traigo de vuelta a mi velador. Hasta hoy pensé que era para recordarme escribir sobre él. Pero ahora, escribiendo esto, me doy cuenta que lo que ocurre es que no me gusta tenerlo lejos.  Es definitivamente uno de mis libros favoritos de la vida.  Me conecta con el Verde de la vida y siempre tiene algo para decirme, para inspirarme y para guiarme. 

 

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