domingo, 25 de abril de 2021

La Tierra Tiene Un Alma


C.G. Jung fue un intrépido intelectual que me encanta.  Profundo, intuitivo y curioso, metió sus narices muchísimo más allá de la psicología. Estudió miles de sueños de personas, incluidos los suyos, para concluir que ellos nos proporcionan una guía invaluable para llegar a ser la mejor versión posible de lo que somos en nuestro interior. Se construyó una casa-torre de piedra casi a mano, en la orilla de un lago, donde se dedicó a vivir a ritmo humano. Viajó a Africa y a otros lugares remotos para acercarse a los hombres de tribus que vivían aún en forma primitiva, mirado desde la perspectiva del hombre moderno, civilizado. Escribió mucho. Algunos de los textos sobre cómo llegó a sus conclusiones y sobre sus sueños y sus viajes están recopilados en sus memorias, ese libro fantástico llamado Recuerdos, Sueños, Pensamientos, que además de retratar al hombre interesante que fue, proporciona una buena aproximación a lo que es el análisis junguiano y permite entender por qué es tan importante.  

Encontré The Earth Has a Soul en mi amada Point Reyes Books, esa librería independiente, sacada de una película gringa, que abre de lunes a domingo, precisamente, en un pequeño pueblo de Marin County, California.  Cuando lo ví, supe que tenía que llevármelo para leerlo "alguna vez".  Eso fue en el último viaje antes de la Pandemia, en 2019.  Y "alguna vez" llegó este verano, probablemente debido a la terrible necesidad de Naturaleza con qué terminé 2020.  Cuando pasó el año nuevo y pensé que no había vacaciones por delante, me llené de una angustia horrible.  Un verano sin mis árboles y mis montañas de Las Trancas era algo inconcebible. Tan inconcebible, que el Universo mismo conspiró para que lograra pasar unos días allá arriba, después de haber perdido toda esperanza.  Así fue que comencé a leer mi libro en una pequeña cabaña de madera, en medio de un bosque formado por mis Nothofagus favoritos: Ñirres, Coigües y Lengas. Rodeada de volcanes y montañas que aún tienen glaciares en sus partes más altas.  Inmersa en el canto de todo tipo de aves, incluyendo mis amados Carpinteros y el esquivo Chucao. Mis días eran largos. Libres. Verdes. Gran parte del día apenas tenía señal de teléfono. Nada de wifi. Creo que es por eso que pude apreciarlo tanto. 

Lo interesante de The Earth Has a Soul es que es una recopilación de ensayos, conferencias, seminarios, cartas y extractos de escritos de Jung que giran en torno a la relación del hombre con la naturaleza, la tecnología y la vida moderna.  La autora es Meredith Sabini, una psicóloga, ensayista y poeta, que fundó el Dream Institute of Northern California, en Berkeley. Tengo que reconocer que no entiendo completamente todo, porque no he estudiado psicología, ni sé mucho de los mitos antiguos, que son importantes en el universo Jung. Sin embargo, no hay que tenerle miedo. Es un libro que cualquiera puede leer y entenderá la idea principal. El mensaje poderoso: El hombre no estaba preparado para ser "tan" civilizado tan rápidamente. En el curso de la evolución, desarrollamos una conciencia. Nos volvimos racionales. Y sí, tenemos una conciencia más desarrollada que nuestros antepasados, pero al mismo tiempo, conservamos en lo profundo de nuestra psiquis lo instintivo y lo "irracional". Y no debemos olvidarlo ni hacernos los tontos con su existencia. Más encima, dejamos atrás lo rural, nos desapegamos de árboles y animales y nos desconectamos de los procesos cíclicos de la tierra. Nos auto desterramos de la Naturaleza. Para peor, definimos que el hombre moderno conquistaría la Naturaleza. Pero no hay tal. No existe la conquista de la Naturaleza por el hombre. Sólo existe la arrogancia y la ceguera de nuestra especie. Somos el enemigo.             

De vuelta en el encierro, me refugio en el verde que queda en mi jardín, entro en la energía del Verano que termina y siento que ya viene el Otoño. Me quito los zapatos y pongo mis pies pelados en la tierra.  Me pongo a pensar. Nos creemos civilizados. Despreciamos la simplicidad y la superstición de los pueblos primitivos. Aunque pareciera que con todas sus limitaciones y sus vidas desconectadas de lo moderno, ellos sienten un propósito y una plenitud que nosotros hemos perdido. Nosotros estamos rodeados de máquinas, automatizaciones y tecnología. Pero dormimos mal y tomamos pastillas para estar tranquilos. Pastillas para ser felices. Es difícil saber si los miembros de las tribus que visitó Jung están mejor que nosotros. Pero lo que sí se sabe hoy día es que nada de lo que nuestra mente racional ha podado de lo instintivo y animal ha desaparecido. Nuestras raíces en el mundo natural viven sumergidas en el vasto océano de nuestro inconsciente. Ese mundo que nos regala sueños e intuiciones que no son magia ni casualidad, sino un GPS al que debemos seguir y conocer a fondo. Jung dice que la Tierra tiene un espíritu propio. Un alma. "Nature is an incomparable guide if you know how to follow her". Tenemos que volver a conectarnos con la Naturaleza. Con las estaciones del año. Con los ciclos de vida, muerte y renacimiento. Con nuestros sueños. Con nuestras intuiciones y corazonadas. Todos podemos hacerlo a nuestra propia manera y con los medios que tenemos a mano. Lo importante es hacerlo. Porque de esa conexión depende que seamos más sabios, más integralmente humanos. Mucho más simples. Y yo diría, más felices.

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